
MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES
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Embajador |
"Embajador de El Salvador en Nicaragua, Argentina, México, Cuba, Uruguay e Italia entre otros cargos desempeñados, este portador de la encomienda pública internacional salvadoreña, noble depositario de los más caros intereses patrios, veló siempre por el engrandecimiento de las relaciones entre nuestro país y aquellos en los que estuvo acreditado, y procuró la defensa de los derechos nacionales, con prudencia, tacto, disciplina y aplomo". (Eduardo Cálix. Embajador de El Salvador en México) |
Cuando nos presentamos hace mas de tres años a la Representación Diplomática de El Salvador en México, por especial recomendación del Embajador Guillermo Paz Larín, ilustre y digno representante diplomático de nuestro país, visitamos en varias ocasiones al Doctor Carlos Adalberto Alfaro, Embajador de El Salvador en retiro, residente en México desde hacia 30 años, y quien a consecuencia de su edad, no le era posible desplazarse, como era su costumbre, para presentarse en esta embajada al nuevo Embajador. Apersonado en su casa de habitación visite al Doctor Alfaro, y en un noble gesto, salió a recibirme a la entrada de su casa, encontrándome con un agradable personaje, de tez blanca, buena semblanza y porte digno, aunque un poco encorvado por el paso del tiempo. Señor de dulce figura y afable apariencia, de pelo blanco que traduce su vasta experiencia, me recibió con una sonrisa en el seno de su hogar, junto a su esposa, Doña Augusta Iturbide de Alfaro, y a pesar de sus 93 años, con voz fuerte y clara y fija mirada, procedió con particular lucidez, a relatarme los acontecimientos mas trascendentes que recordó en esos momentos, de sus 46 años de servicio como diplomático salvadoreño. La exactitud de sus datos y cifras, al contarme con detenimiento detalles de horas, lugares y fechas, evidencia estar en presencia de un hombre inteligente y culto, de intachable conducta y de buen proceder.
El Doctor Alfaro muere en la ciudad de México Distrito Federal, el pasado 22 de agosto del año en curso, en el seno de su querida familia, descansando en su cama en aquel apartamento de la Colonia Las Aguilas, Barranca del Muerto, donde tuve la oportunidad de estrechar varias veces su mano y observar con detenimiento y admiración sus condecoraciones, reconocimientos y réplicas de nuestros símbolos patrios, portados por él en lo oficial a lo largo de su carrera, con dignidad y orgullo. Quede su enseñanza y virtud, como testimonio de digna imitación entre nuestros compatriotas, y en especial en aquellos que formamos parte de la ciencia y el arte de la diplomacia, y los que deseen engrosar las filas de esta noble profesión. Descanse en paz Doctor Alfaro y aunque físicamente no se encuentre entre nosotros, la tierra que le vió nacer reclamará por siempre su regreso para que su nombre perdure y resuene en la memoria de aquellos grandes salvadoreños que la patria ha visto nacer, y los que le respetan, aprecian y tuvimos la dicha de conocerle, podamos evocar siempre su ejemplar recorrido y prolijo desempeño. México D.F. 26 de agosto del 2002. Eduardo
Cálix |
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